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Un anciano no es como un niño

Un anciano no es como un niño

Un anciano no es como un niño

ni tampoco un adulto caprichoso

un anciano es un ser humano enorme con requerimientos de gigante …

requiere de gigantescos cuidados,

de gigantescas atenciones,

…de gigantesco cariño;

Un anciano puede no saber ya decir gracias,

mas con su sonrisa te bendice;

de un anciano no esperes recompensa

EL es la recompensa al servirle;

el anciano requiere del bastón para el apoyo físico, mas nunca retrocede…

EL es su apoyo;

el anciano puede representar tu temor

al futuro incierto y a la muerte,

mas sin embargo es solamente

tu realidad, tan sólo espera…

 deberás recordar que desde el siguiente momento

de tu nacimiento mismo ya envejeces

y lo que en este lugar observas

tú mismo lo vivirás muy pronto,

tan sólo será cosa de un parpadeo del tiempo,

prepararte debes con la única oración

de valor universal inmensurable e inacabable,

perdurable desde siempre y eternamente:

EL AMOR

 

Carta a mis nietos.

Carta a mis nietos.

Carta a mis nietos

Mis muy querido nietecitos:

     Antes de que pase más tiempo quiero dejarles en esta carta algo que tal vez sea la mejor herencia que nadie les pudiera dar, por lo que mucho les pido que la lean cuidadosamente y la guarden y la lean cada vez que necesiten algo para encontrar sentido a sus vidas, para sus hijos, tal vez hasta para sus propios nietos.

Sé que por su edad nunca han considerado el que alguna vez estén en mi situación, eso mismo me sucedió a mí: nunca consideré que sería vieja alguna vez.

     Un día, antes de que ustedes llegaran a mi vida, cuando su mamá tenía unos cuantos años que se había casado, empecé a notar que muchas cosas no eran igual que antes tales como mis pasos, mi memoria, mis dientes, mis ojos, etc., mis visitas al médico fueron cada vez más frecuentes y el espejo reflejaba cada vez más arrugas, más canas. El anciano que alguna vez pasaba vendiendo pan por las tardes dejó de hacerlo y un día no volvimos a saber nada de él. Mis amistades empezaron a morir una a una o a padecer enfermedades con nombres raros y que no se curaban, todo lo que sabía era que se trataba de enfermedades “propias de la edad”.

     Un día supe que iba a ser abuela. Les confieso que al principio no me hizo muy feliz que digamos ¿ yo abuela ? mas al ver el entusiasmo de tus padres, yo también me dejé llevar por él, pero cuando los conocí, cuando llegaste tú Diego, nunca podré describir totalmente el regocijo, la alegría que me invadió fue un tiempo maravilloso, todas mis dolencias desaparecieron, me pasaba las horas contemplándote, bendiciendo a Dios por haberte puesto en mi vida, empecé a tejerte cosas para mí bellas, útiles, que adornaran tu carita…

     Poco después llegaste tú mi linda Fernanda ¡Dios! nunca me sentí más dichosa en mi vida después de haber tenido a mis hijos… y así día tras día, año tras año estuve cercana a ustedes vigilando que nada les sucediera y apoyándolos en todas sus ilusiones ¿recuerdas Diego la ocasión en que te comiste todas las galletas que preparé para la familia aquélla Navidad? ¿Y cuando Fernanda te atoraste en la silla de jardín y que tuvimos que llamar a los bomberos para que te liberaran?… Nunca olvidaré la dicha inigualable de ser su abuela y estar cerca de ustedes en su desarrollo…

     Ahora, bien, pues todo cambia, mi cuerpo ya nunca será lo que antes, ustedes ya se han casado sus padres trabajan a diario y yo… en esta imbécil silla de ruedas que me dice a cada momento mi necesidad de depender de alguien.

     Pero eso no es lo malo de todo lo que vivo, lo malo es que nunca creí que llegaría a estar así… yo no quiero que sientan esto como un reproche, ni que me pesa lo que alguna vez hice por ustedes, sino me duele el que una vez que una llega a cargar un número grande de años, la presencia en casa llega a ser poco menos que mínima y lo que yo espero de la vida es también casi nada.

Lo malo o lo que quiero hacer notar en esta carta es que las etapas de mi vida las dediqué a atender ya a mis padres, enseguida a mi esposo, luego a mi hijos y después a mis nietos, como es costumbre y ahora, en una silla de ruedas veo pasar el mundo y recordando todas esas cosas bellas que alguna vez viví, pero especialmente las que NO viví.

       Sí así es: paso las horas mirando las actividades de todos ustedes, de repente llegan, luego salen corriendo, recibo un ” —hola abue” y una breve palmada, su mamá que también trabaja, en pocas ocasiones se detiene para conversar conmigo de cualquier cosa; su padre cuando se da la oportunidad de hablar, solamente me dice que me no queje, que aquí tengo todo lo que necesito y ustedes mis niños, entre sus estudios y los amigos, cada vez los veo menos. ¡Si supieran qué bien me siento cuando me piden la bendición!…

Lo que deseo que comprendan es que pasé viviendo para otros, tratando de llenar las necesidades de los demás sin cuidar las propias y los años han pasado y todo lo que tengo son recuerdos. Su abuelo, que en paz descanse me decía: —ven vivamos un poco más para nosotros—, pero no me sentía convencida de hacerlo ¡después de todo tenía “toda la vida por delante”!

En este momento veo que todos los sueños de mi juventud se trocaron en esta cruel realidad que es estar dependiendo de todos, pero en especial de SU afecto, de SUS palabras, de SUS sonrisas y las veo muy, muy poco cada vez. Tal vez debí hacer caso a mi esposo en otro tiempo…

     Si me preguntaran qué haría si tuviera la oportunidad de volver a vivir diría que haría exactamente lo mismo, solamente que ahora miraría y trabajaría más por mis propias necesidades y deseos, sin descuidarlos a ustedes, claro está, viajaría más y pasaría más momentos con su abuelo disfrutando lo que Dios nos dio; en cuanto a la familia, ¡desde luego que la pasaríamos bien!, pero sin descuidar los deseos o sueños de nosotros como pareja.

Quiero hacer la aclaración que NUNCA me arrepentiré de lo que he hecho con ustedes y con sus padres, sino que les di un orden diferente a las cosas que hacía.

     Ahora, todo es formar parte de una costumbre, de una tradición: ustedes con sus vidas y yo con lo que resta de la mía, atada a la silla de ruedas y a la dependencia, pero sobre todo llena de deseos que quise realizar y no me atreví por creerme desconsiderada si los llevaba al cabo.

     Hijos, la vida es solamente un suspiro, antes de que se lo imaginen estarán viviendo lo que yo y no quiero por ningún motivo que lo pasen así: deseando haber hecho esto o aquello además de lo que era la convivencia con los nietos y los hijos; no le temo a la muerte, me inquieta llegar a ella con tantas y tantas cosas que hubiera querido hacer, pues solamente fui eso: una hija, luego una esposa, enseguida una madre, después una abuela y al final uno de los muebles de la casa, de la casa de USTEDES.

Mis queridos nietos, VIVAN en el pensamiento de que la vida es muy breve, no dejen para mañana el “te quiero” que puedan dar hoy a cada uno de quienes convivan con ustedes, con sus padres SEAN HIJOS DE 24 HORAS, con sus hijos SEAN PADRES de 24 horas, en su trabajo, SEAN TRABAJADORES DE 24 HORAS, con sus amigos SEANLO DE TIEMPO COMPLETO, con sus abuelos, de manera similar, después, con sus nietos denles todo el amor… pero siempre piensen en ustedes primero sin el afán egoísta que esto aparenta, consideren que USTEDES son responsables única y totalmente de todo lo que pasan en todas las etapas de su vida y que NADIE tiene porqué ser culpable de que sean “un mueble más en la casa” sino uno mismo; el vivir para otros tiene sus ventajas pero también sus grandes desventajas, puesto que al final no se tienen ni siquiera a ustedes mismos totalmente.

     Planeen su vejez, hagan un ahorro para no ser una carga, disfruten de la vida a cada paso, entréguense y amen totalmente a su compañero… esfuércense por llegar a mi edad satisfechos por haber vivido a plenitud sin tantos sueños inconclusos o ni tan siquiera iniciados. Lo que más me pesa de todo esto no es sino el que afecte a sus vidas y forme parte de otro ciclo que nuevamente se inicia y no nos atrevemos a salir de él por temor y no por convicción.

     Ustedes saben cuánto los amo y rezaré siempre aunque no esté en este mundo, pero una cosa deseo que nunca olviden: el ser un anciano no es lo malo que parece, lo malo es que estamos llenos de lo que no hicimos, de “si hubiera”, de muchos, mucho “si hubieras”.

     Esta es una breve carta de las muchas que he guardado para ustedes, la que deseo conozcan la fuerza de mi amor por ustedes y por sus padres y reconozcan en su contenido mi afán por heredarles algo que les sirva para cuando estén viejitos como yo.

     Con amor…

Su abuela María